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El dilema del BCE con los tipos de interés: domar la inflación a costa de sacrificar la recuperación económica

todayjulio 25, 2022 1

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Trabajar de banquero central se parece, en los momentos difíciles, al oficio de funambulista. O al del médico que debe prescribir un tratamiento que sabe que tendrá efectos secundarios en el paciente, pero que es la única manera de eliminar un mal mayor. En este caso, el enfermo es la economía europea; la dolencia, la inflación. Y el prescriptor de esa medicina amarga (una subida de tipos) un Banco Central Europeo (BCE) que se enfrenta a un dilema muy difícil de resolver: crecimiento o inflación.

El consenso es casi unánime entre los analistas. El panorama económico se torna cada vez más negro según se acerca el otoño. Después de un verano en el que, pese a la inflación, todo apunta a que el turismo tirará del carro de la economía, las perspectivas se llenan de nubes coincidiendo con la bajada de las temperaturas.

La palabra “recesión” comienza a sonar cada vez con más fuerza entre los analistas y aparece con frecuencia en sus pronósticos. Los augurios oficiales (BCE, Comisión Europea, Banco de España…) todavía no lo ven como el escenario más probable, pero los analistas privados ya empiezan a plantearla abiertamente y la fechan entre finales de este año y comienzos del próximo.

La llegada del frío se prevé la más difícil en varias décadas para la Unión Europea. El suministro de gas que llega desde Rusia es débil y la hipótesis de un corte total que deje a los consumidores y, sobre todo, a la industria europea tiritando parece cada vez más factible. La inestabilidad política, con una crisis de Gobierno en Italia, la tercera economía del euro y la frágil recuperación económica en una Europa asediada por una inflación que no da tregua, son todo menos un escenario propicio.

A este cúmulo de infortunios se ha sumado ahora la primera subida de los tipos de interés del BCE en 11 años, que ha sido también la más contundente en toda la historia del euro. La autoridad monetaria lanza un mensaje muy claro con su decisión de elevar los tipos al 0,5% y es que se toma en serio la inflación. Un alza a la que podrían seguir otras dos del mismo calibre en septiembre y octubre.

El BCE ha fundamentado su decisión en la expectativa de que la inflación siga “indeseablemente alta por algún tiempo”. El mandato principal de esta institución es velar por la estabilidad de los precios y el instrumento más potente que tiene para hacerlo son las subidas de tipos.

Unas subidas que si bien pueden acabar siendo útiles para estabilizar los precios, también tienen un reverso negativo y es que acaban por frenar el crecimiento de la economía. Cuando un banco central eleva los tipos, lo que hace es encarecer los préstamos que concede a las entidades de crédito comerciales y retribuir mejor sus depósitos.

Esto acaba provocando que la banca tradicional haga lo mismo y cobre más por prestar a sus clientes, lo que encarece hipotecas y otros préstamos y desincentiva a otros a que tomen prestado. También incentiva el ahorro (los depósitos empiezan a ser más rentables), pero frena la inversión (las empresas empiezan a pensárselo dos veces antes de pedir prestado). Con el tiempo, este efecto recorre de arriba abajo la economía: el consumo se frena, caen los beneficios de las empresas y como la demanda se enfría, acaban bajando los precios.

El problema es que una subida demasiado brusca de los tipos puede acabar causando una fuerte contracción de la economía (lo que en el argot económico se conoce como un ‘aterrizaje duro’). Algo especialmente sensible en un momento en el que la eurozona apenas ha recuperado su nivel de PIB previo a la pandemia y cuando algunos países -entre ellos, España- siguen todavía lejos de una recuperación completa.

Otro de los peligros más claros de pasarse de frenada son las primas de riesgo. Las subidas de tipos encarecen también el coste de financiación de los países y si a esto se le suma que el BCE ha decidido dejar de comprar deuda pública, los Estados se verán más expuestos a los inversores privados que exigen rentabilidades más altas, especialmente a los países más endeudados. El recuerdo de la crisis del euro, cuando los mercados cerraron el grifo del crédito a los países del sur, lo que a punto estuvo de acabar con la moneda europea, está todavía muy presente.

Pero una inflación que se enquiste y se prolongue aún más en el tiempo puede acabar erosionando el crecimiento todavía más. E implicaría tomar medidas drásticas para frenarla, que a su vez podrían infligir un daño todavía mayor que una subida de tipos. Además, el endurecimiento de la política monetaria del BCE podría facilitar que el euro recupere algo del terreno perdido frente al dólar. Una cuestión que no es baladí si se tiene en cuenta que los precios de la energía son el principal causante de la crisis actual y se pagan en dólares en los mercados internacionales.

Todo apunta a que a los países europeos no les queda más remedio que tragarse esa medicina amarga para evitar un mal mayor en el futuro. La duda ahora es cómo de fuertes serán sus efectos secundarios y cuánto durará el tratamiento.

Escrito por Z7O-_

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