Serán de origen francés, pero las hemos hecho nuestras. Sentimos que las croquetas son muy españolas. Y es que nos encantan. Nunca pasan de moda y siempre saben adaptarse, porque dentro de ellas cabe todo.

Pero debemos reconocerlo. Las croquetas tengan el relleno que tengan, no son el alimento más sano. Una croqueta normal tiene unas 60 kilocalorías y eso antes de freírla. Porque cuando sale calentita y doradita de la sartén ya está en casi 100 kcal.

Un consejo: echa las croquetas al aceite sólo cuando esté muy caliente. Lo que conseguimos de este modo es fortalecer la capa de pan rallado alrededor de la croqueta. Así, la masa no absorberá tanto aceite. De todos modos, siempre conviene, al sacarlas, ponerlas sobre papel de cocina.

Una buena base por principio

Preparar una buena bechamel es clave para conseguir unas croquetas de infarto. Para ello, la masa debe ser cremosa. Ni muy líquida, ni demasiado consistente. ¿Cómo conseguirlo? Podemos marcarnos un 50-50-400, es decir, 50 gramos de harina, 50gr de mantequilla y 400ml de leche. Y lo más importante, no hay que dejar de remover.

El tamaño importa

Es importante que nuestras croquetas sean todas iguales, o similares, no solo para que nos entren mejor por los ojos, sino porque así el tiempo de cocinado será el mismo. Un buen truco para conseguir darles forma, y que salgan iguales, es utilizar una manga pastelera o dos cucharas.

No abuses del empanado

La mejor croqueta de jamón del mundo según el V Campeonato Internacional Joselito organizado en el marco de Madrid Fusión.